Circulares y Noticias

CIRCULAR Nº7
23 De abril de 2009
 
Escritos de nuestros estudiantes de 12mo. grado 2009

 

La Sonrisa Etrusca de José Luis Sampedro

     Me ha gustado leer la Sonrisa Etrusca, porque el autor da detalles de todo, especialmente sobre las emociones.  Lo que más me gustó porque está cargado de sentimentalismo fue el último capítulo cuando Ronconne muere.
     Ronconne estaba en su habitación y el bebé, Brunetinno, llega hasta donde él y lo acompaña como si supiera que lo necesitaba. Ronconne lo levanta y lo carga muy cerca de él, hablándole de cómo han progresado en su pequeña guerra contra sus padres, ya que le permiten tener ahora la puerta abierta para que puedan visitarse y acompañarse. Cuando a Ronconne le empezó a doler el pecho, cae de rodillas en la cama y suelta a Brunetinno, porque ya no puede más con él. Entonces le dice a su nieto que no se preocupe, que todo estará bien; le habla al bebé como si él le entendiera y le fuera a responder, como si fuera un amigo de años, su mejor amigo.
     A su vez, al niño se le nota preocupación, ve que esta situación por la que pasa su abuelo no es común y siente que algo no está bien. Se empieza a inquietar y a jamaquear a su abuelo para que se levante y le responda. El autor hace que esta parte de la novela tenga tanta emoción, que a mí me hizo imaginarme cada detalle: Ronconne en la cama, el bebé preocupado al lado de él y todo este momento es tan triste para quienes lo leen, porque no queremos que el personaje muera. Ronconne al contrario siente que puede morir feliz, porque ha encontrado un amor que lo hizo sentir diferente, especial, querido; un amor que nunca antes sintió por ninguna otra mujer, porque no conoció antes lo que era el cariño, respeto y amor hacia una persona que siente lo mismo hacia él y ahora Hortensia le enseña lo importante que es para ella también. Además de eso, Ronconne podía morir satisfecho, porque su nieto dijo “nonno”, que fue lo que él siempre quiso, desde que se dio cuenta del cariño que sentía por aquella personita tan frágil y tierna, pero que demostraba cariño hacia él con pequeños gestos.
La muerte de Ronconne, el momento, la manera de morir, la compañía y palabras dichas por él, me hicieron conectarme bastante con esta parte e imaginarme cada detalle, fue un triste perfecto final. 

Isabel Ábrego

     El capítulo que más me gustó de “La sonrisa etrusca” es el capítulo final, en el que el abuelo está en su cuarto y Brunetinno llega. El abuelo comienza a delirar cuando, de repente, le da un dolor fuerte en el pecho que lo obliga a recostarse. El niño se asusta y pronuncia “nonno” que es abuelo. El viejo por fin escucha la palabra deseada, pero ya es muy tarde para él porque está muriendo. Su hijo Renato se asoma al cuarto en ese momento y ve a su padre con una sonrisa en su rostro porque murió feliz.
     Este capítulo es triste y a la vez lindo. El viejo muere repentinamente, dejando cosas sin cumplir como su vuelta a Roccassera o la boda con Hortensia. Pero también se cumple uno de sus mayores deseos, que su nieto le dijera nonno y también se va con la seguridad de que lo van a criar como él quería.
     La frase que más me gustó del libro fue cuando Hortensia le dijo a Bruno que le enseñaría a Brunetinno como ser el hombre que las mujeres quieren y cómo debía tratarlas para vivirlas, disfrutar más con ellas.
     El libro me gustó porque es una historia verdadera acerca de un hombre en sus últimos meses. Me enseñó que aun cuando somos viejos podemos cambiar nuestra forma de ser y también encontrar nuestro verdadero amor. Me enseñó que el amor es un sentimiento poderoso que cambia las cosas que de otra forma sería difícil que cambiaran. Es una historia tierna y divertida, que también nos enseña que hasta de niños pequeños, de los que supuestamente no se aprende porque no saben nada, se puede aprender.

Guillermo Armuelles

      Es difícil escoger que fue lo que más me gustó del libro, ya que hubo varios momentos que fueron muy buenos: por su simbolismo, comentarios de Ronconne o simplemente por ser un momento muy emotivo. El momento que, para mí, es el mejor del libro, debido a su simbolismo, es cuando Ronconne va al museo y ve una estatua que le llama la atención: la Pieta Rondanini, una escultura de Miguel Ángel. Es una escena muy interesante por la forma en que él observa a la Virgen levantando a Jesús y como nos describe lo que él veía: a un partisano levantando a un amigo herido. Este momento goza de un impecable simbolismo: la estatua no está terminada, puesto que Miguel Ángel murió antes de poder terminarla; me parece que es una representación suya, él no quiere morir sin antes acabar ciertos asuntos que necesitan ser terminados.
     Otra escena favorita fue cuando empezó a contar supuestas historias y mitos de Rocasera, cuando en realidad sólo inventaba y hablaba de Brunettino alegóricamente y también de cómo el viejo baja de la montaña para salvar al muchacho, haciendo alusión a él mismo.  Sin embargo, el momento más bello de toda la historia es el final que, aunque trágico, no se puede mejorar de ninguna forma. A mi parecer es un final feliz porque Zío Ronconne murió aún mejor de lo que él esperaba, murió con la sonrisa etrusca.

Dairon Cubas

     De la novela  me gustó como punto principal el hecho de mantenerme atento y con más ganas de seguir leyendo a medida que iba avanzando. Es una novela emotiva, cómica y muchas veces reflexiva. Sobre cualquier otra opinión propia, es una historia digna de leer.
     Mi sonrisa y atención empieza con la imaginación y actitud de don Bruno. Él es el personaje principal de esta trama emotiva y sentimental. A sus 64 años se enamora de nuevo, recuerda sus tierras, revive la guerra, se vuelve atento y delicado.
     Los contrastes de los distintos personajes hacen la historia muy entretenida, saber lo que piensa don Bruno lo hace aún mejor. Ver la picardía y elegancia con la que actúa, lo alocado e inteligente que es a veces, resulta muy bueno.
     El final de la novela aunque un poco triste, fue lo mejor: más que un final feliz, fue un final ideal; el fin de una vida y el comienzo de otra, un contraste digno de una novela como La sonrisa etrusca.
     Quiero imaginarme una continuación en la que nos describan a “Brunetino” (el bebito y nieto de don Bruno) como todo un hombre, tal y como le hubiera gustado verlo a su abuelo y contando sobre los actos de su abuelo con orgullo.

Nemesio Meléndez

 





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